9 de febrero de 2011

Cuando de dirigir se trata...


RECETA PARA UN BUEN CAPITÁN
Ingredientes para que un Capitán lleve adelante su viaje:
1.       Un objetivo. El Capitán debe tener un objetivo, el cuál impulsará la odisea.
2.       Un barco. El Capitán debe elegir cuál es el barco que desea usar para emprender la aventura.
3.       Una tripulación. El Capitán debe elegir cuidadosamente a los integrantes de la tripulación de acuerdo a las tareas que estos deban desempeñar. Ellos serán quienes lo acompañarán y ayudarán a llevar adelante la travesía.
4.       Un punto de partida y un punto de llegada. El Capitán debe determinar desde dónde y hacia dónde dirigirá la expedición.
5.       Un recorrido. El Capitán debe trazar el camino aproximado que recorrerá en su periplo.
6.       Un análisis del terreno. El Capitán debe investigar el medio que le tocará transitar durante su marcha para estar preparado ante las adversidades del exterior.
Una vez que se tienen estos ingredientes se los mezcla homogéneamente, y luego sólo resta dejar tierra firme atrás.
Pero lo cierto es que esto no  es suficiente para asegurar que el viaje se complete.
Una vez que se reunieron los ingredientes y se dejó tierra firme, lo que queda por delante es la mare tenebrosa. El barco avanza por el océano, inmenso, que ofrece miles de caminos, miles de direcciones, y que además depara miles de sorpresas y miles de inciertos contratiempos.
Por eso el Capitán debe dejar las recetas a un lado, saber que la preparación hecha para emprender el viaje no fue en vano, pero que el verdadero viaje es el que está transitando y no el que estudió en teoría.
El Capitán tiene que estar atento. Atento al barco, atento al objetivo, atento al contexto, atento a la tripulación. Si el barco se hunde, todos se hunden. Si el objetivo se pierde, todos naufragan. Si el contexto se impone, el viaje se resiente. Si la tripulación deserta, el barco no avanza.
Un Capitán está al mando, pero no es un dictador. El viaje está a su cargo, pero no es suyo únicamente. El Capitán debe hacerse cargo del lugar que ocupa, pero recordar que lo ocupa porque el resto está de acuerdo en que así sea. El Capitán tiene un lugar asignado, pero a su vez debe ganárselo: debe conseguir que la tripulación lo elija cada día para ocupar ese rol.
El Capitán tiene que estar atento, presente. No puede ser sólo una figura cristalizada en la punta de la pirámide. Tiene que conocer cada elemento del viaje para sacarle su mayor eficacia. Tiene que exigir a cada tripulante su mayor esfuerzo, pero saber cuál es la mejor forma para conseguirlo con cada uno de ellos. Tiene que saber cuándo hablar y cuándo callar. Tiene que saber cuándo escuchar y cuándo hacer oídos sordos. Tiene que estar al tanto de todo, pero también dejar que los tripulantes tengan su intimidad. Tiene que saber cuándo compartir las preocupaciones y cuándo ocultarlas. Tiene que poder resolver las dificultades, pero también poder pedir ayuda. Tiene que dar respuestas, aunque éstas no siempre tienen que ser inmediatas. Tiene que mostrarse seguro, y sin embargo tener la capacidad de dudar y replantearse las cosas. Tiene que seguir su instinto, pero no aferrarse a una idea. Tiene que tener un plan, pero poder improvisar. Tiene que saber avanzar a toda marcha, tiene que saber frenar, tiene que saber dar marcha atrás. Tiene que aprovechar los vientos a favor, y sostener la nave a flote cuando los vientos van en contra…
Un buen Capitán sabe que lo que tiene que hacer es conseguir que el barco llegue a destino.
Por eso un buen Capitán está atento.
Por eso no hay recetas para un buen Capitán.

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